SEXUALIDAD Y ESPIRITUALIDAD, ¿ENEMIGAS?

¿Qué es la sexualidad?

Muchas personas me preguntan sobre el sexo en relación a la espiritualidad. Me consultan si hay problema en practicar sexo, si dificulta la canalización, si se pueden tener relaciones sexuales y ser espiritual… Mi respuesta es: ¿qué es para ti el sexo?

Volveré a recordar mis estudios de Sexología para explicar de nuevo que se habla de sexo cuando se hace alusión a la biología, es decir, al cuerpo, que está sexuado en femenino o en masculino. Las especies sexuadas tienen individuos machos o hembras, y se necesitan ambos para procrear.

Imagen de Christine Sponchia

La sexualidad se refiere a la orientación o la preferencia, a lo que nos atrae: la heterosexualidad o la homosexualidad, es decir, si nos atraen sexualmente las personas del otro sexo o las de nuestro mismo sexo. Y la erótica es la expresión real de nuestros deseos, o dicho de otro modo, lo que vivimos y cómo expresamos nuestro deseo y nuestras preferencias.

Dicho esto, me pregunto, ¿por qué ser hombre o mujer sería contrario a ser espiritual? Segundo, ¿por qué sentirse atraídos por hombres o por mujeres sería negativo o anti-espiritual? Y tercero, ¿por qué vivir y expresar nuestros deseos sexuales, siempre con el consentimiento del otro y siempre entre adultos, podría ser algo alejado o contrario a ser espiritual?

En muchas culturas antiguas la práctica sexual era una forma de conectar con la naturaleza e incluso con Dios, pero ¿dónde se perdió el disfrute de lo sexual como acceso a la experiencia del alma? Tal vez la cultura judeocristiana o el pensamiento de Platón, que hace tanta diferencia entre cuerpo y alma, sean los principales responsables de que muchos aún vean estas dos realidades como aspectos opuestos e irreconciliables. Sin embargo, creo firmemente que, si somos energía que habita un cuerpo, ¿cómo podría ser nuestro cuerpo algo negativo? Nuestro vehículo en la Tierra, el cuerpo físico, tiene necesidades básicas, pero lo necesitamos para nuestra evolución y misión espiritual, así que, de nuevo, ¿cómo puede haber algo negativo, sucio u oscuro en el vehículo corporal que nos permite cumplir nuestra misión más excelsa?

Por otra parte, si realmente tenemos chakras o vórtices energéticos que permiten el paso de la energía y nutren nuestros diferentes cuerpos (físico, etérico, emocional, mental, etc.), ¿puede ser un chakra más importante que otro? ¿Podría haber algún chakra inadecuado, incorrecto o mejorable? Si la energía que nos atraviesa requiere que todos nuestros vórtices estén más o menos equilibrados y limpios, ¿sería correcto cuidar los chakras superiores y obviar las necesidades de los primeros?

Por estas razones entre otras muchas, defiendo el cuerpo en toda su dimensión, en todas sus zonas y órganos, incluidos por supuesto los genitales. Y aparte de la salud física de nuestros órganos sexuales creo que deberíamos conocer sus funciones, sus particularidades y su potencialidad, pues es mucha y también sirve a la luz y al alma. El problema principal de los genitales es doble. Por un lado, están junto a la vejiga y al ano, por lo que, de nuevo, se relacionan con lo sucio, lo oculto, lo maloliente, … lo que rechazamos. Por otro lado, los genitales son los responsables de la reproducción, con todo lo que conlleva. Por estos motivos, lo más sencillo fue que convencer a la humanidad de que se olvidara de “lo de ahí abajo”, prohibiendo mirarlo (incluyo la pintura y la escultura) o tocarlo (bajo duros castigos físicos). Solo es un breve resumen, pero es fácil imaginar cómo la humanidad, en líneas generales, rechaza el conocimiento, la atención y el disfrute de sus órganos sexuales.

La sexualidad no está ahí abajo, lo repito, entre las piernas solo está el sexo biológico. La sexualidad como expresión de uno mismo está en todo el cuerpo y nace del cerebro y/o del corazón. El impulso que nace del cuerpo exclusivamente podríamos llamarlo deseo, apetito sexual, hambre, ganas… Pero se trataría de una descarga física, a solas o con otra persona, que no solo no eleva el alma, sino que puede perjudicarle. Puede que esta realidad haya impedido que sepamos más sobre nuestro propio deseo, sobre por qué deseamos sexualmente a este o a otro, o sobre qué buscamos y qué ofrecemos en nuestros intercambios sexuales. ¿Me explico?

Sobre el deseo, he de explicar algo que estudié hace muchos años. El deseo puede dividirse en tres áreas o necesidades: la descarga física, sentirse deseado/a y la comunicación con el otro. ¿De qué está hecho tu deseo? Supongo que cuando somos más jóvenes tenemos más necesidades propias y menos necesidad de relación, y con la madurez, creo que ocurre lo contrario. Por tanto, ¿qué hay de negativo en el deseo de comunicarse a niveles profundos con otra persona? ¿Cómo puede ser sucia o rechazable una forma de comunicación humana tan corporal? Si en la relación sexual podemos comunicar nuestro amor a otra persona, ¿cómo podría esta exquisita experiencia ir contra el alma o disgustar a nuestro Creador?

No conozco ejercicios taoístas ni practico el sexo tántrico, pero sé por experiencia y por mi formación que cuando se pone amor en el contacto íntimo solo puede haber un aumento de amor, incluso aunque la experiencia a nivel físico sea bastante normalita. ¿Me sigues? La experiencia sexual con una persona que nos atrae o a la que amamos puede llevarnos a una conexión muy profunda con nosotros mismos y también con el otro. Pero, y esta es una gran noticia, el sexo con amor puede acercarnos al amor del Creador. En serio, no exagero. El sexo nos da consciencia siempre que estemos centrados en vivir la experiencia desde el corazón, no desde los genitales, pues no se hace el amor con el cuerpo sino con el alma. Por eso no hay nada erróneo en los diferentes tipos de deseo, no hay pecado ni tara en las distintas preferencias sexuales y no hay nada negativo en la práctica sexual respetuosa para uno mismo y para el de enfrente, pues, si nace del amor, cualquier gesto es sublime. Incluso en lo relacionado con lo que nos erotiza, a veces es más excitante una mirada o el roce casual de la persona deseada que el acto sexual en sí. Si lo dudas, prueba.

Imagen de StockSnap 

Insisto en la importancia de cuidar y respetar las necesidades del cuerpo, pero toda práctica corporal (dieta, ejercicio, yoga o sexo) pueden vivirse desde el yo profundo y no solo desde las necesidades de nuestro cuerpo o de nuestra mente. El sexo vivido desde el corazón nos acerca a nosotros mismos, al otro y a Dios, sí, lo digo una vez más. Nada malo, oscuro o sucio puede haber al respecto en una sexualidad consciente. Lo de que los genitales estén junto a la uretra o al ano es cuestión de diseño, pero con una higiene razonable, como sexóloga no le veo problema alguno. Nada feo hay en el cuerpo, todo es hermoso en él, como lo es en el alma.

SENTIR

El otro día me paré a sentir. Puede parecer que lo hago todos los días, pero no. Cada día me despierto con algún ruido cotidiano (en tu caso, tal vez sea el despertador) y mi piloto automático se dirige al cuarto de baño y después, irremediablemente, mirada al móvil y viaje a la cocina. Con los ojos entreabiertos y los pelos descompuestos preparo un ritualizado y aburridísimo desayuno y, sin saborearlo, me llevo mi té o lo que sea, aún sin terminar, a la habitación de los libros. Y así, sin pararme a sentir, enciendo el ordenador y espero que la fuerza me acompañe y guíe mi tarea. Cada mañana lo mismo, más o menos. ¿Te suena un poco? Entonces me di cuenta de que no estaba sintiendo la vida, solo sobrevivo, ¿y tú?

Hace unos días mi maestro me invitó a sentir, que ya ni recordaba cómo se hace. Algo tan natural en nosotros se ha perdido con el paso de los años y la mayoría de los que habitamos el planeta hemos optado, consciente o inconscientemente, por vivir con menos intensidad. Las obligaciones cotidianas, las responsabilidades, y por supuesto, el miedo al sufrimiento, nos han hecho respirar superficialmente, evitar mirar de frente las cosas y a las personas, y sentir solo lo justo. Este funcionamiento, que puede salvarnos de un gran sufrimiento en un momento dado, ha hecho que pasemos por la vida sin saber ni lo que llevamos puesto, ni quiénes somos ni lo que queremos. Desde aquí te propongo hoy que saques un rato para estar contigo, aunque sean diez minutos, ¡vas a flipar! (Nota: en español de España flipar significa coloquialmente «quedarse maravillado o admirado» y también «asombrado o extrañado»).

¿Cuál será el resultado? Experiméntalo tú, pero para que no te pille muy por sorpresa te anticipo que, si te permites sentir, vas a conectar con quién eres realmente y con grandes verdades sobre la vida que no podías ver por no sientes. ¿Cómo hay que hacerlo? Bueno, yo acabo de empezar, no sé muy bien qué decirte, pero lo esencial es querer. ¿Quieres? Tal vez notes un «nooooo» dentro de tu cabeza, porque el niño asustado que vive en tu interior no quiere experimentar mucho, no vaya a ser que pase algo malo. Fíjate que un niño sano siempre tiene deseo de subirse a los árboles y de tirarse por un terraplén, pero un niño herido se queda en un rincón y no quiere ni moverse. ¿Cuál de los dos tienes dentro? Pues aunque no tengas ganas, hazlo. Aunque temas el resultado, sentir no ha matado a nadie nunca, que yo sepa. Al contrario, cerrar los ojos y permitirse escuchar el propio cuerpo ha salvado más de una vida. Escuchar lo que uno es, desea o teme es la base del crecimiento personal. Atreverse a poner nombre a lo que uno experimenta le da poder y fuerza, y expresarlo, al menos a sí mismo, le hace más humano, y por tanto, más conectado a todo.

Yo no sabía ni por donde empezar, pero ¡me lancé! Respiré, cerré los ojos, y sentí, y ¡oh maravilla! Esto sí que es vida.

Imagen de Leohoho

SENTIR DA PERSPECTIVA

Cuando experimentas el ahora tienes una mejor visión del conjunto. Te percibes frente a todo, el tiempo se para y puedes atisbar lo que realmente está sucediendo. ¿Qué estás evitando? ¿Qué deseas que no sabes alcanzar? ¿Qué le pasa a tu cuerpo, abandonado en una esquina, al que, a veces, solo utilizas como animal de carga? ¿Y qué dice tu corazón? Tal vez has olvidado que lo tienes por miedo al dolor, a un nuevo desengaño, a una caída mil veces repetida. Sin embargo, si estás aquí, es que aún funcionan tu cuerpo, tu corazón, tu mente y por supuesto, tu espíritu. Pues bien, ¡dales alas pa volar! Deja que la respiración te conecte con tu verdadera esencia. Permite que el aire que entra en ti se lleve las viejas tristezas y deje todo limpio para uno nuevo paso. Respira borrando la idea del error y viendo cada acto y cada suceso como pasos necesarios para verte hoy así, tan francamente, tan desnuda/o frente a ti. Entonces anota en tu interior la ristra de emociones que tenías guardadas y que no podías ver bajo el polvo de los años. Mírate de frente y observa lo que ocurre en ti cuando sientes cada bocanada de aire. ¿Lo notas? Yo diría que brillas… Emites un fulgor indescriptible porque estás hecho/a de estrellas. Y entonces todo lo de afuera se coloca. Todo se ordena. Todo se calma. El estrés ya no es necesario. La ansiedad puede irse a dar un paseo. La tristeza no encuentra pupitre donde sentarse. Si haces esto, la vida, asombrada, te mira de modo desacostumbrado, cargada de pasión y de fuerza, haciendo que cada experiencia sea, ahora sí, real. Cada cosa que ocurra a partir de este instante tocará todas tus células, todas tus neuronas. La vida rozará todos los poros de tu piel y todo cobrará sentido. Se irán los temores y los miedos, se disolverán los traumas, volverán el juego y la risa, será algo así, como estar enamorado.

¿Imaginas? ¿Sentirte enamorado de cada instante, de cada tú que te habita, sin juicios ni urgencias? Pues tal vez la vida es eso: amarse como uno es, aceptar lo que siente y ponerle nombre, si quiere, y decirlo, si quiere, y vivirlo. Tal vez, solo consiste en respirar, en poner la mano en el corazón y en decirse: «sí, quiero». Y vivir.

NO TEMAS

Cuando temes, ¿no notas tu corazón más pequeño? El pobre se encoge y se entristece, se vuelve gris, opaco (yo lo he visto), y no tiene ganas de sonreír. Entonces él intenta por todos los medios que tu alma y tu mente esté tristes y negativas, porque así se siente mejor. Algo en ti te hace recordar canciones melancólicas, hechos dolorosos, personas que ya no están, y podrías estar llorando una semana o dos. Pero si respiras en el corazón y le dices: «Yo te cuido, no va a pasarte nada malo, vamos a dar una vuelta y a lucir palmito», verás que todos los colores multiplican su belleza, que los sonidos se amplifican, que las personas son hermosas o que cada pájaro y cada árbol pueden sentir tu presencia. Cuando sientes te conectas con todo el que siente (perdón por la redundancia). Hagamos un club de sintientes, que cada vez seremos más.

SENTIR INFORMA

A veces no sabes lo que pasa dentro de ti. Te duele algo o tienes una molestia y no sabes la causa. O estás triste y desconoces el porqué. O puede que tengas cólera, agotamiento, nostalgia… Pues la respuesta está dentro de ti. Esta frase tan manida (tan de Facebook) la has oído cientos de veces, pero, realmente ¿buscas en tu interior? Creo que si sientes tu cuerpo encontrarás algo de información de lo que te ocurre. Creo, de verdad, que si te paras a sentir lo que te pasa descubrirás la raíz del problema. Y creo también que si sientes sin expectativas puedes conectar con toda la información del universo. Es una opinión, pero ¿no te apetece probar?

EN EL AMOR

Tal vez amar no era más que sentir. Cuando miramos desde lo profundo todo puede ser bello y todo tiene un sentido. Seguramente amar solo era eso: mirar completamente, con intensidad, entregándose al acto de mirar. Esa actitud es la base del amor y también de la pasión, pues no ama quien no se apasiona. Si te permites experimentar sin red los acontecimientos cotidianos; si eliminas las barreras que al sentimiento la mente le pone; si te lanzas a descubrir la gran capacidad que tienes para vivir intensamente cada instante, podrás comprobar que eres una fuerza imparable vestida de persona y que habitas en este universo para tu expansión y la de todo lo que existe. Así que, guárdate el miedo en un bolsillo (o mejor aún, tíralo a la basura, contenedor marrón) y disfruta de ser tú en este momento y en este lugar. Que todo lo que eres se conecte con el amor que ha creado esto, aunque no lo entiendas. Que tu alma habite por entero cada célula de tu cuerpo y pongas en corazón en todo lo que haces, y si no, mejor no lo hagas. Que te entregues al dulce vaivén de la vida, que te arriesgues, que ya sé que la vida mancha, pero ¿quién dijo miedo?

VIVIR CANSA, PERO MOLA

Hace unos meses vi la obra de teatro Matar cansa. El protagonista describe algunos de los crímenes y de los hechos más relevantes de la vida de un asesino en serie al que admira con veneración. Pues bien, además de un texto impecable y una interpretación magnífica por parte del actor Jaime Lorente (Denver en la serie La casa de papel), la obra es un ejemplo de pasión. Salí del teatro como en trance, con infinito placer por haber entendido un modo de pensar y de sentir distinto al mío. Sin juicios, admirando la pasión del protagonista hacia otra persona y sus actos, por más que estos sean condenables. ¿Qué sucedió? Simplemente, que la obra me ayudó a sentir cada palabra del texto dramático, cada gesto, y por supuesto, que me permití sentir lo que todo eso que pasaba fuera provocaba en mi interior. ¿Qué hay de malo en sentir? Para eso está hecha la vida, y en nuestra existencia, no podemos experimentar esta dimensión sin ocupar completamente el cuerpo, sin utilizar la cabeza para elaborar procesos intelectuales y sin sentir en el corazón cómo nos afecta, ya que todo lo que nos rodea nos toca mostrándonos lo que somos. Pues bien, tras la obra, estaba yo casi tan exhausta como supongo que lo estaría quien interpretó del monólogo, ¿podría ser? En el camino a casa comprendí que sentir cansa. Que vivir apasionadamente cada segundo con plena consciencia nos va a dar tantas agujetas como la primera semana de gimnasio, y que en ese punto cada uno debe decidir si seguir viviendo o dejarlo. A mí, a veces, aún me duele el pecho al respirar, los ojos al mirar inquisitivamente las cosas, y, por supuesto, el corazón físico al permitirme emocionarme. Pero, ¿qué he de hacer? ¿Seguir trabajando, comer rápido, ir a la compra apresuradamente, hacer la cena y dormir? ¿O respirar con los ojos cerrados y observar si lo que estoy haciendo es coherente conmigo y ayuda a los demás? Pues bien, a pesar de las agujetas, a pesar del dolor de cuerpo que uno tiene cuando experimenta la vida, yo voy a seguir sintiendo. Al igual que cuando uno hace al amor, que si lo hace bien se cansa, pues yo elijo sentir. Como he escrito en otros lugares, espero que al final de mi vida, cuando me vea de nuevo con el Creador y Él me pregunte qué tal fue mi viaje, yo le diga sonriendo: «Huaaaaaaala, papá, qué experiencia». Entonces me sentaré en sus rodillas, me acunará dulcemente y me peinará un poco con la mano, mientras yo sonrío sin poder parar y le cuento que… he vivido… a tope.

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SEMANA SANTA, TIEMPO DE REFLEXIÓN

La religión católica vive ahora unos días cruciales que rememoran las últimas semanas de Jesús de Nazaret en la Tierra. Dejando de lado si los que cuentan los cuatro Evangelios es más o menos exacto, el fondo es lo que importa. Más allá de las creencias y costumbres, más allá de las normas, ¿qué es para ti esta semana? A veces solo son cuatro días de vacaciones, aunque en tiempos de pandemia y limitaciones las vacaciones no sean más que ir al bar de la esquina con tres amigos. Otras veces es un tiempo de reflexión, de ritos antiguos y de costumbres repetidas cuyo origen desconocemos. Pero, ¿se queda solo en eso? ¿Y si aprovechas este recordatorio de la muerte de un hombre para sacar de ti todo lo que te estorba? Si la muerte no es más que un paso, seguramente puedas examinar hacia dónde caminas. No sé si te diriges a la felicidad o vas justo en sentido contrario. Ignoro si estás dispuesto/a a morir a todo lo que ya no sirve, lo que es inútil y tóxico… Si la muerte es un cambio de lugar, o de estado, o de mirada, ¿podríamos «matar» todo lo que carece de sentido y enterrarlo para siempre? Es buen momento, es Semana Santa, y también es primavera, al menos en los grandes almacenes.

Pues yo, que presumo de valiente, he tomado mi bolígrafo de plumas verdes y he hecho mi lista de todo lo que no quiero en mí o en mi vida. No te preocupes, no voy a ponerla aquí, ja, ja, ja. La he hecho, la miro, y mentalmente me veo en un camposanto enterrando todo esto que ya no quiero. No quiero en mí esta exigencia desproporcionada que me amarga la existencia y me hace peor persona. Hala, al hoyo. Me desprendo de los nombres con los que etiqueto, y por tanto califico, las cosas, los sucesos y hasta las personas. Pues al hoyo con eso. La prisa, ¡uy, la prisa! Qué bien me iría si pudiera enterrarla para siempre, distinguiendo responsabilidad o puntualidad de urgencia y premura… Parece que tendré que hacer el agujero más grande, ja, ja, ja, hay mucho que enterrar.

Imagen de Candid_Shots

¿Qué partes de mí han sido maltratadas o insultadas? Y ¿quién lo ha hecho? Tal vez te tratas mal, muy mal, o puede que permitas que otros lo hagan. Es momento de revisar porqué y para qué te sometes a esta crucifixión. ¿Puedes ver la razón por la que te torturas o por la que dejas que otro lo haga? ¿Qué ganas con ello? El sufrimiento gratuito es innecesario. Puedes eliminarlo de tu vida ahora mismo. Sé que cuesta, pero tal vez, en estos días de Semana Santa puedas aprovechar para darte cuenta de cuánto dolor alimentas y de la razón por la que lo haces. Si te das cuenta de esto te será relativamente sencillo dejar de sufrir.

Sufres por cosas que no puedes cambiar, por un pasado que no va a volver o porque te culpas de los errores cometidos. Lloras por un deseo no cumplido, por los sueños que se han quebrado en los últimos meses o en los últimos años, y eso te impide ver la belleza del presente. El sufrimiento elegido que nutres cada día te impide vivir y hace que la felicidad no te encuentre, porque estás llorando mirando al suelo. Así que, sé inteligente, sé interesado/a, hazlo por ti: deja de sufrir. Durante estos días no solo recordamos el sufrimiento de un hombre en la cruz, sino que es el momento adecuado para desterrar lo que no sirve, enterrar lo que ha muerto, renovar lo positivo, y desde luego, es el momento perfecto para tomar fuerza.

Tras la noche viene el alba, y toda esa luz ilumina tu presente. Imagina que la luz del amanecer llena de suave luminosidad tu cuerpo físico. Mira bajo su halo el correcto funcionamiento de tu organismo. Agradécelo. La luz del amanecer, tras la noche oscura, ilumina también tu cuerpo emocional y te muestra lo que sientes. Evita juzgarte y dite: “Esto es lo que siento, y está bien”. Disfruta la capacidad de emocionarte que tienes solo por el hecho de ser un ser humano. Conecta con tu corazón y observa sin pautas ni normas las emociones o los sentimientos que te ocupan. Ámalos tal y como son, y verás que tu cuerpo emocional se siente comprendido, aceptado, y entonces puede brillar más. Ahora le toca a tu parte mental. Tus ideas y pensamientos te han permitido, mejor o peor, llegar al momento presente, pero algunas ideas están limitando tu vida. Deshazte del pensamiento limitante, triste, juzgador… No hagas caso a los pensamientos que te frustran, que te traen dolor y malestar. Deshazte de la culpa, del rencor, de la soberbia, de la ambición material, … Cuando el capricho muestra tu necesidad de amor y de reconocimiento ya no hace falta obtener el objeto de deseo que realmente ocultaba la verdad: quieres amor.

Deja que la brisa de la primera hora limpie los bosques y los montes, permite que se lleve lo que te hiere y te mantiene metido en los problemas, a veces inexistentes. Ábrete ahora a la vida en el instante presente. Pasada la tortura y la muerte de todos estos años, llega el momento de la resurrección. Toca renovar y recolocar quién eres, lo que quieres y lo que no, lo que crees y lo que no crees. No le des vueltas. Lo lees mil veces, lo sabes, pero ¿lo haces? Pues ya está bien. En estos días recordamos la muerte de un maestro por sus ideas y su comportamiento, contrario a la norma y al poder político de su momento, pero también creemos que resucitó, o revivió, o no murió o lo que sea que pasara. Lo importante es que al igual que una semilla se abre y cambia su forma para dar lugar a una nueva planta, tú puedes enterrar lo que ya no quieres en tu vida y resucitar aspectos que están deseando salir al aire libre.

No lo pienses más. Ahora es el momento. Ya. Toma las riendas de tu vida y resucita toda la luz que eres. La alegría, la generosidad, la auto estima, la verdad y otros centenares de aspectos que te definen pero que no sabes ni cómo expresar piden salir a la luz. Tal vez la pandemia mundial haya servido para algo, tal vez una semana santa que apenas se puede celebrar haya hecho el resto. Yo hoy tendré la cena del amor, la del jueves santo. El viernes enterraré lo que me oprime y me asfixia. El día de la resurrección, con una nueva consciencia, viviré cada día como si fuera el último, cuidando de mí, mirando por ser una persona honesta y un corazón puro aquí en la Tierra. Estos días sirven para eso. Feliz Semana Santa.

Imagen de Gerd Altmann

LO FEMENINO, LO MASCULINO

HOMBRES Y MUJERES

Hablamos de lo femenino y lo masculino y ni siquiera sabemos lo que es. Empezaré por la base, nada espiritual ni canalizado, pero real e imprescindible.

Cuando encarnamos como seres humanos elegimos el cuerpo que vamos a ser en esta vida en concreto. Elegimos el sexo biológico, niño o niña, y por lo tanto, hombre o mujer. Por más que los medios de comunicación se empeñen en hablar de género, no debemos utilizar la palabra género para evitar decir sexo, pues no se refieren a la misma realidad. Sexo es nuestra condición orgánica (masculina o femenina, macho o hembra) y género hace alusión al grupo al que pertenecemos los seres humanos de cada sexo desde un punto de vista sociocultural y no solo biológico (género masculino y género femenino). Si a nivel biológico hablamos de sexos, a nivel de preferencias o inclinaciones hablamos de heterosexualidad (nos atrae el que es del sexo contrario) y de homosexualidad (nos atrae quien es de nuestro mismo sexo). Y más allá de la tendencia o atracción, está la «erótica», la práctica o el «ars amandi». Estas tres realidades se mezclan en nosotros y en la vida diaria de cada uno de nosotros, y centrados en el cuerpo, en las sensaciones y las ideas o normas, olvidamos que cada lleva dentro el divino femenino y el divino masculino.

Imagen de Myriams-Fotos

A pesar de ser tan distintos por fuera y tan diferentes en nuestra vida cotidiana, todos llevamos dentro la semilla de la unidad, y cada acto nos conduce irremediablemente a un aumento de consciencia. Cada gesto, cada paso que damos como mujeres o como hombres, como homosexuales o como heterosexuales, nos hace más conscientes de nuestra unidad. Cada cosa que nos distancia en el fondo nos acerca, pues todos somos luz encarnada, todos somos sensibles y buscamos el amor, y todos, todos, somos iguales en nuestra esencia. ¿Para qué, entonces, encarnar tan diferentes y por qué buscamos en otro lo que se supone que ya tenemos? Simplemente, porque no lo vemos. Ni la mujer es la única que puede llorar ni el hombre es el único que sabe cazar. Como especie, las diferencias entre machos y hembras aumentaron cuando hubo que emplear más fuerza física. Las funciones del clan se dividieron repartiéndose la caza, el combate, la protección y, equivocadamente, el control sobre la procreación para el hombre, y el cuidado del hogar, los animales y el huerto, así como la atención a la prole, enfermos o ancianos, a la mujer. Esta división nos distanció generando falsos enemigos, haciéndonos creer que las mujeres no podían inmiscuirse en las cosas de los varones y al contrario. Por eso, aún hoy seguimos viendo en el otro a un contrincante que realiza algunos de los roles que nos gustaría vivir a nosotros pero que la sociedad dificulta y, a veces, impide. Esa diferencia hace que la sociedad haya creado una imagen de la mujer como un ser dependiente (realmente lo era, pues el hombre cazaba y solo entregaba la carne a las hembras predispuestas sexualmente) y al hombre como el proveedor de estabilidad, alimentos y bienes, que es como muchos hombres se ven todavía en la actualidad. Siglos después, con las guerras, muchas mujeres comenzaron a ocupar los puestos vacíos de los hombres cumpliendo la tarea igual, y a veces mejor. Ahí comienza el reconocimiento del poder de la mujer, cuando sale a trabajar a las fábricas, y poco después aumenta con la independencia de las mujeres para ser madres: ya no necesitamos al varón, lo cual ha hecho que muchos de ellos estén más perdidos que el barco del arroz, o, como decía mi profesor de Sexología, «en obras».

La lucha entre los sexos va a terminar, pero no puede hacerlo si cada uno de nosotros no se reconoce como un ser completo pero sexuado en femenino o en masculino. Un cuerpo perfecto para la vida presente. Un alma viajera que ya estuvo en otros cuerpos y que ya hizo lo que ahora le hacen otros, pero que encarna en este vehículo para su misión de vida. Y que como especie humana, va a tener que ser un hombre o una mujer, sí o sí, pues todos los somos al 100%, salvo una mínima parte de los seres humanos que pertenece a lo que se conoce como «estados intersexuales» (aproximadamente el 1% de la población).

A nuestra evolución como especie se unen los usos sociales que han generado una imagen ideal pero errónea de lo que es un hombre y de lo que es una mujer. La mujer debe ser, entre otras muchas cosas: atractiva (porque el hombre es visual), callada o discreta, hacendosa, buena cocinera, madre (o no «sirve» para ser madre) y buena amante si no quiere perder a su hombre. Pero aún está extendido el pensamiento de que si la mujer es demasiado lista eclipsa al varón (nunca supe que había un concurso), si gana más que él le hace de menos (?) y si le gusta el sexo es considerada una «lanzada» o una «fresca» (significa de moral relajada, liviana, o en lenguaje vulgar, puta).

Por otra parte, el hombre lleva en su ADN, como tatuadas, varias órdenes y roles: proteger (especialmente a la delicada dama lánguida que vive en su torreón), conquistar (todo lo que pueda), batallar (¿seguimos en la época de las cruzadas?), cazar a la hembra (¿cómo puede un ser humano ser visto como una presa a la que derribar y vencer?), mantener a la prole (aunque sea porque lo dicta un juez) y desde luego, no expresar sus sentimientos o serán tachados de débiles, blandos o, en lenguaje coloquial «mariquitas» (afeminados).

El grupo tacha al hombre que llora de débil o marica y a la mujer independiente de ramera o de loca, así que ¿cómo no vamos a tener dificultades en nuestras relaciones con los demás? ¿Dónde quedó nuestra luz, nuestra esencia? Claro que nuestra biología es distinta, muy distinta, y nuestra psique también. Pensamos de modos diferentes y sentimos de modos diferentes, pero ¿cómo podemos estar más cerca sin dejar de ser quiénes somos? Diciéndonos la verdad, sobre todo a uno/a mismo/a.

La verdad es que cuando una mujer se percibe observada como un mero objeto de deseo, no se siente bien. La verdad es que el hombre está cansado de callar lo que siente y desea gritarlo, aún a riesgo de equivocarse. La verdad es que si nos miramos a los ojos somos mucho más parecidos de lo que la literatura del siglo XII nos contó, pero seguimos creyendo en cuentos de príncipes azules y princesas pálidas que esperan que un caballero en un corcel blanco las rescate de una familia controladora, un trabajo esclavizante o un matrimonio roto. Recaen sobre ambos sexos cargas antiguas que hemos de romper ya para no hacernos más daño. Digámonos la verdad para que la luz de ambas fuerzas brille en nosotros.

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Digamos: querido hombre, tienes mi respeto. Adoro tu tenacidad, aunque yo también la tengo. Me gusta que me ayudes, pero puedo vivir sin ti. Cuando estés cansado puedes parar y descansar, solo o a mi lado. Pero recuéstate y recupera el resuello. Querido hombre, cuando tú me respetas como persona te haces más atractivo a mis ojos, y cuando no me sometes, camino libremente hacia tus brazos. Si me fuerzas te odiaré, ¿no sabes que se conquista más con el respeto que con la burla o el juego? ¿Olvidas que tu luz es lo que atrae a la mía?

Digamos: querida mujer, cuando te miro presupongo que me necesitas y olvido que eres fuerte, como yo. Que puedes pedir lo que deseas y darte lo que requieres, y que cuanto más libre eres tú más valor tiene mi conquista o mi amistad. Olvidé que eres grande, capaz, y que es tu corazón el que te da el coraje para ser tú, para no depender de otros ni de otro. Querida mujer, compártete conmigo en libertad porque conquistar un alma libre demuestra mi valía y mi coraje, pero tener una mujer por la fuerza solo evidencia mi propia pobreza. Déjame que te conquiste con mis verdades, con mi sinceridad para que tú puedas también darme la tuya.

Y así, unidos por la verdad, la guerra de los sexos se dará por terminada. Comprendiendo al otro, encarnado ahora en un cuerpo del sexo opuesto, con otras necesidades, deseos y miedos, pero ahora más cerca de ti. ¡Es entonces cuando podemos ver su luz, libre ya de la presión del cuerpo y del sexo biológico! Fuera del vehículo sagrado somos iguales, y ahí nos habitan el divino femenino y el divino masculino.

EL DIVINO FEMENINO, EL DIVINO MASCULINO

La energía de la que todos procedemos es el amor puro y esa energía comprende todas las cualidades y rasgos que podríamos dividir en femeninos y masculinos. Te propongo que pienses como alma, como energía, y verás que la línea entre varón y hembra, entre azul y rosa, se queda en la Tierra y deja de pesar. Integra en ti todas las energías benévolas de Dios, el Creador de todo (perdona que no haga el matiz de «dios/diosa» en cada frase, es un rollo innecesario. La palabra amor es masculina y no se ha muerto nadie por utilizarla, al contrario, bien que nos gusta).

Te sugiero leer esta lista sintiéndola en tu corazón: Valentía, coraje, virtud, respeto, delicadeza, sensibilidad, apoyo, justicia, dulzura, integridad, honor, fuerza, verdad, unión, libertad, autocontrol, sensibilidad, generosidad, empatía, comprensión, evolución, poder, bondad, honradez, expresividad, pasión, diversión, intuición, escucha, sinceridad, flexibilidad, aceptación, lealtad, discreción, ofrecimiento, pureza… amor. Siente estas palabras una a una, pues forman parte de nuestra energía primigenia. ¿Podrías separarlas en masculinas o femeninas? Estás hecho de amor y el amor contiene ambas energías. La semillas de las cualidades que aún no has expresado por ser hombre o mujer ya están en ti en forma secreta y a la espera de ser expresadas. Hazlo para vivir de un modo más completo. Hazlo para que, desde tu cuerpo sexuado en femenino o en masculino, puedas ser lo que eres, el divino femenino y el divino masculino unidos llenando de amor un cuerpo físico, fuerte y delicado al mismo tiempo. Entonces tu cuerpo será generador de luz y totalmente irresistible, en cuerpo y alma, a cualquier mujer y a cualquier hombre.

LA HORA DE LA VERDAD

En el momento de escribir este artículo el mundo está patas arriba porque un virus manipulado por el ser humano se ha propagado por el planeta afectando a la raza humana. Nuestras posesiones no se ven afectadas por este virus, pero sí nuestra humanidad… Tal vez habíamos olvidado qué era lo más importante en la vida y este bichito que se escapó por la ventana ha venido a mostrárnoslo.

Sí, son momentos difíciles para todos: hay y ha habido muchísimos muertos, hay decenas de miles de contagios, y para colmo, los gobiernos intentan frenar la expansión de la enfermedad impidiendo el transcurrir de la vida como lo conocíamos. A esto le añadimos el parón económico y laboral que está suponiendo en todo el mundo, así que, sí, estamos de acuerdo: la situación es grave.

Imagen de Serge Wolfgang

Aceptando este hecho, he querido ir más allá de lo obvio y atravesar el velo que nos separa de Dios y de la Verdad como energía de amor intangible. ¿Qué toca hacer ahora? Unas palabras sonaron en mi corazón: “DECIRSE LA VERDAD”

-Jolín –protesté como es habitual en mí-, ¿a qué os referís exactamente? ¿Qué le digo yo a mi gente (es así como llamo a todas las personas que seguís mi trabajo)?

Me contestaron en lenguaje de luz, que significa que ponen imágenes y emociones que yo traduzco en palabras. A veces lo hago directamente como veis en los vídeos en directo, y otras, como en este texto, me paro a sentir cada uno de sus conceptos intentando traducirlo de un modo más cuidado e inteligible (es decir, fácil de entender). Lo hago por escrito para que conste en acta, es decir, para que se mantenga accesible para cualquiera que lo necesite y para todos aquellos que gustan de leer a su ritmo. Para los más auditivos, siempre hay y habrá vídeos en mi canal YouTube.

A lo que iba… me respondieron y yo le he dado forma en este artículo.

La verdad es aquella frecuencia o estado en la que la mente mira las cosa si no las juzga. Desaparecen los juicios, críticas, opiniones, y lo que es mejor aún, desaparecen los prejuicios, ideas concebidas antes de tener ni siquiera un dato o dos.

La verdad es la honradez frente a uno mismo y frente a las cosas. Consiste en quitarse las máscaras, todas, las que sean: empezando por las de la belleza externa, las del artificio y el adorno, las de la transformación del cuerpo para gustar a otros. La verdad consiste en eliminar la creencia de que uno vale por lo que sabe, por lo que conoce. Y la verdad es, desde luego, borrar de un plumazo las ganas de agarrar las cosas materiales pensando que son una extensión del ser humano o un indicador de su valía.

Al contrario, la verdad es la desnudez. ¿Cómo nacen los niños? Desnudos frente a la vida, sin nada, vacíos, esperando que las experiencias vayan conformando tus valores y su identidad humana, que solo es un reflejo, una parte de la identidad divina.

Eso es lo que toca ahora. Desnudarse. Quitarse las máscaras frente a uno mismo, en primer lugar y decirse:-Sí, esto es lo que siento. Esto me duele, esto me martiriza y esto me quita el sueño.

Deciros, a solas, lo que sentís:

-Sí, me da rabia que tal persona no se dé cuenta de que existo. Me fastidia (usad la palabra que sintáis más adecuada: molesta, entristece, deprime, enferma, etc.) que la vida no sea como yo la esperaba. Me hace daño ver cómo yo misma/o no hago lo mejor para mí…

Deciros también lo positivo, que es verdad y no orgullo. Es momento de decirse:-Sí, me gusta mi cuerpo. Me encanta mi voz, mi cabello, mi forma de pensar, o cómo me queda la comida.

Decirse lo que es cierto sin evitarlo ni aumentarlo es un modo de acercarse al Creador, pues todo Él/Ella está hecho de verdades inalcanzables e indestructibles.

Sí, sois seres sintientes y sensibles.

Sí, podéis sufrir y gozar.

Y sí, sois bastante exagerados.

La verdad es también la neutralidad ante los hechos. La mirada objetiva sin emoción ni mente ante lo que ocurre, y el alma se acomoda a lo que es sin pena, ni lucha ni engaño. Cuando la mente se coloca a favor del viento que sopla es cuando la inteligencia sirve al alma y alineadas y unidas vosotros seréis conducidos a la verdad.

Pero la inteligencia o la mente humana se aferra a ideas del pasado remoto metidas en las células del cuerpo de modo casi inseparable. Las vivencias en otras existencias y las vidas de vuestros ancestros os han regalado unas energías que os conforman y de las que tenéis que separar, como en el campo, el trigo de la paja. Pues la verdad es decir “gracias por todo lo que hay en mí, yo me encargo de conservar lo adecuado y dejar ir lo inadecuado”.

Decirse la verdad es un doloroso ejercicio para la mente y agradable momento de amor para el alma. La sinceridad con uno mismo es una caricia amorosa y excitante en el rostro, es el roce deseado de la mano ansiada, es la comprensión pedida del alumno al profesor, y todo ello es posible con la verdad, sin depender de otros, sin necesitar a otros.

Desnudarse es de valientes. Presumís de ser guerreros y estáis en el miedo. Miedo a la causa desconocida de cuanto sucede. Miedo al qué pasará. Miedo también a si cada uno de vosotros sabrá vivir lo que le toque sin enfermarse o deprimirse, valorando que todo lo que hace lo hace lo mejor que puede. Contra el miedo, la verdad.

Así que despojaos de viejas ideas inservibles, de esquemas trasnochados que os impiden amar. Deshaceos del miedo al pasado, del pánico a repetir y repetir situaciones y traumas, pues parte del miedo a repetir es lo que lo provoca. Quitad las máscaras que os cubren y decid: sí, esto soy yo, con imperfecciones, con humor, con prisa, con desidia, con temor… Y este paso os conduce a un nivel superior de conciencia, a la auto estima y al otro.

Si quieres éxito, en cualquier terreno de tu vida, la verdad es parte del camino, pues lo que no se fundamenta en la verdad, antes o después caerá. No podéis sostener una vida en otros cimientos que no sean lo que realmente tenéis. Duraréis poco tiempo en el podio de la mentira así que, tirad la máscara, por favor, es el momento de enfrentar lo que de verdad no os gusta para ir hacia lo único real, la inmortalidad del alma hecha de amor. Por eso, solo el alma que está en amor atraerá el amor.

Os hablaremos ahora a cada uno de vosotros.

Mírate. A solas, sin prisa, sin nada en la cabeza, sin sueños ni creaciones fantásticas sobre lo que ha de ocurrir. Como si estuvieras frente al mar, saca de tus bolsillos todo lo que no es tuyo y arrójalo para que las olas se lo traguen y no te lo devuelvan jamás.

Busca en tu abrigo o en tus pantalones y en cada bolsillo encontrarás algo que arrojar hoy a las aguas azules de Gaia, que lo eliminará con su amor a ti.

Deshazte del miedo a amar, en primer lugar, que es lo que te impide ser feliz. No importa si no te corresponden, no importa si estás en pareja o solo/a, si tienes familia o no: el amor no es personal. Al contrario, amar es algo general, ilimitado, amorfo, y no requiere un objeto determinado. Amar es una actitud que transforma cada una de tus células, cada uno de tus cabellos y te hace ser más luz.

Ahora busca y tira el miedo a ser feliz, el miedo al éxito, la comparación… Arroja al agua, bien lejos, el deseo de agradar. ¿No sabes que eres maravilloso/a les gustes a otros o no? ¿Olvidaste que tienes libertad para ser quién eres? Nadie puede hacerte daño por negarte su atención o su aceptación, has de tenerla tú.

Elimina ahora la mirada puesta en lo material como solución a tus problemas. Los problemas materiales tienen soluciones materiales, pero el resto no. Nada de lo que puedas comprar llenará tu corazón vacío. Ni el agua quita el hambre ni el alimento quita la sed después de un rato. Ninguna flor sustituye a un beso y ninguna joya sustituye a una persona. Solo son imágenes deformadas en espejos de feria que te hacen creer que necesitas otras cosas cuando, en realidad, lo que necesitas es tan solo amor.

Es la hora de los valientes.

Y ya en tu desnudez, mira a los demás a los ojos y observa lo que sientes. No lo disimules, no lo temas, no te lo ocultes. Mira, observa y siente. Sea lo que sea dítelo, a ti. Así sabrás lo que te ocurre realmente. Así sabrás lo que te pasa y lo que debes hacer.

El guerrero mide el terreno, observa al enemigo y no se mueve hasta haber preparado su estrategia. Tú, que presumes de servir a la luz, imita la actuación del soldado que, antes de enfrentarse a otro, medita, descansa y prepara sus armas. Pues bien, ahora tú descansa, medita y sé valiente: tu arma es la autenticidad. El disimulo solo esconde tu deseo y, a la vez, tu miedo a la frustración.

Es el momento de alejarse de todo aquello que huele a mentira, a orgullo y falsedad. Apártate de lo ambiguo, de lo fingido, de lo oculto. Ve sin máscaras, amor en mano, a la vida, a ti mismo, a Dios… y al otro. El valiente sabrá apreciar tu entrega y honrará tu magnífico valor. Quien no vea esto que se quede al otro lado, pues no está preparado para el maravilloso tesoro de tu entrega.

Ya pasaron los tiempos de culpar a los padres, a los ancestros, a los gobiernos… a las brujas, a los dioses, a los maestros… Son los tiempos del alma adulta, la que asume sus errores y cambia su comportamiento. Es la hora de los valientes.

Descansa, guerrero, es la hora del amor.

Hecho de pedacitos de ti.

El título de una canción me recuerda el mensaje que me dieron los maestros de que todos, absolutamente todos, estamos hechos de retazos. Cada alma, extraída del corazón del Creador, se revela a través de las múltiples vidas que tenemos en distintas dimensiones. Utilizamos cuerpos y avatares diferentes, viajamos a mundos lejanos, a estrellas olvidadas, y en cada una de esas existencias, tomamos unas cosas y dejamos otras. Cada persona nos otorga un modo de tratarnos, un insulto o un piropo, alegrías o penas. Vuestros lazos familiares traen atados regalos y deudas que no sabemos, a veces, colocar en nuestra casa actual. La mente transforma cada experiencia en un posible futuro, en una profecía, y le crea a la realidad una etiqueta o una caja donde quiere guardarla. Pero el alma, como humo inaprensible que no se deja agarrar, escapa a las cárceles y a los nombres, escapa a los traumas y al pasado e intenta, en cada nueva oportunidad, sanar los errores y poner amor donde manaba el miedo. Si el alma vence, el éxito en la misión está asegurado. Si la mente, orgullosa, terca y ambiciosa, gana la lucha, el alma llorará su mala suerte y se quedará encerrada en una celda de desamor con un carcelero llamado Miedo.

Estás hecho/a de todos estos retales, de jirones de vidas pretéritas, pero con un patrón nuevo, vacío, limpio para esta nueva vida. Sin embargo, la mente te lleva a vivir otra vez con los retales viejos de los otros y de ti, y por eso se repiten las vidas y por eso se repiten el dolor y el drama. Cada amor y cada desengaño, cada éxito y cada bancarrota, cada acto de fe y cada acto de apostasía, dejan un pedazo en ti impulsándote a repetir el camino conocido. Sin embargo, si le preguntas al alma el camino adecuado, esta elige a ciegas, sin pensar, el camino perfecto del amor. Te dirá la verdad, te guste o no, te indicará en susurros delicados, qué hay más adelante en el camino y si has de tomarlo o no.

Aunque estés hecho de experiencias y sueños, de risa y de muerte, casi a partes iguales, te pido dejar de lado la mente y consultar en el templo de la verdad, tu corazón. Ahí donde no hay errores ni temores, ahí donde se encuentran la sabiduría y el consejo de los maestros más elevados, ahí donde abunda la Gracias y donde el conocimiento humano queda relegado a lo que es: un saber limitado.

Toma todos los fragmentos que te forman y pégalos con tu mirada. Une todos los trozos que tu alma perdió en las guerras, o en los partos, o en el paredón. Y con amor y confianza mira todas las piezas que te construyen y asume que tus viejos traumas entorpecen el contacto con el alma. Ahora, con esta nueva visión de ti, un humano hecho de experiencias, recuerda la verdad: también eres un alma inmutable, sabia y perfecta a la que la vida solo le afecta en positivo.

Dite la verdad aquí y ahora.

Dite: Mi luz encarna con una larga historia que asumo y que soy capaz de mejorar ahora mismo. Mi luz, eterna, venida del Creador, evoluciona con cada gesto de amor y todas mis partes se unen bajo el mandato del corazón.

Así podrás ver cada experiencia, hermosa o traumática, como la base de tu vuelo, como el trampolín para ver luz en todo y en todos. Tal vez por eso el Maestro Jesús dijo: “La verdad os hará libres”. Tal vez, ahora, tu alma pueda volar sin lastres.

CONTRA EL MIEDO

¿Cómo concentrarse en la Luz?

Mientras escribo estoy no estoy sola y la televisión está encendida. Además, está alta para mi gusto. Pero confío tanto en las capacidades humanas, que sigo escribiendo. ¿Por qué confío en nuestras habilidades y recursos? Cuando trabajaba como formadora de alta cosmética muchas de las señoritas a las que yo formaba aseguraban que no se acordarían de las notas de una fragancia nueva. Pero, si yo les preguntaba que, si una persona que les gustaba les daba su número de teléfono y no podían apuntarlo, ¿lo recordarían? La mayoría de ellas se echaron a reír y me dijeron que sí. Confirmaban, sin saberlo, que el cerebro humano tiene memoria y atención para lo que le interesa.

Imagen de david diaz 

De modo que, a pesar de no estar sola y de estar escuchando la televisión, puedo elegir donde pongo mi atención. Tal vez no pueda con otros ruidos, por su volumen o por lo que me despiertan, pero otras distracciones puedo verlas como un “ruido blanco”, una molestia aceptable que no puede sacarme de mi concentración.

¿Por qué cuento esto? Porque el cerebro presta atención a lo que tú quieres, de modo que siempre tenemos tiempo, energía y recursos para lo que verdaderamente nos interesa. Por eso, aunque no sea el momento deseado siempre puede ser el momento ideal para conectarnos con lo que queremos, en mi caso, con la Luz que nos creó.

¿Qué hay que hacer?

No mucho. Podemos imaginar una luz que nos rodea y lo limpia todo. Podemos visualizar que atravesamos la pared y que vamos donde nos dé la gana. No es difícil, lo importante es practicar. Cuanta más práctica, más dominio. ¿Quieres crear tu forma personal de ir donde están los maestros de Luz? Pues hazlo. Puede ser una nave espacial, una puerta secreta, unas palabras mágicas o incluso sostener un amuleto en las manos, da igual, pero hazlo.

¿Con qué objetivo?

Puedes utilizar tu encuentro con espacios de Luz solo para rebajar tu ansiedad en un momento concreto. Yo lo hago a veces. También puedes imaginarte que estás en sus jardines, en sus templos o salones para consultar sobre tu cuerpo, para comprender una relación o para consultar sobre una decisión. En el día de hoy, quiero preguntarles por el miedo.

Aparto el sonido de la tele, me centro en mi interior, y veo como la luz de la que estoy hecha invade todo el cuarto. Me lleva varios minutos, pero logro verme envuelta en luz dentro de la casa, en mi barrio… sin que me afecte lo de fuera.

¿Por qué tenemos miedo?

El miedo es una solución instintiva e inteligente que los seres vivos sentimos y cuyo objetivo es protegernos del peligro. El problema es cuando la mente crea peligros que no existen o anticipan situaciones que aún no han llegado. El miedo es algo puntual basado en situaciones y/o enemigos reales, pero el ser humano elige que el temor esté permanentemente en su vida, incluso aunque no haya causa real para el miedo. Controlar las cosas nos da poder, así que, crear un enemigo imaginario y eliminarlo también con nuestra imaginación, nos parece un éxito. El desgaste de energía es tremendo, pero el control nos da seguridad y la mayoría de nosotros buscamos problemas que resolver. ¿No me crees? Observa la cantidad de juegos y pasatiempos que la humanidad ha inventado en base a esto: acertijos, adivinanzas, juegos de rescate, crucigramas, sudokus y por supuesto, el Candy Crush. Incluso hay novelas de misterio o películas de terror que nos provocan sospechas y miedos controlables.

Dicho esto, ¿qué opinan los ángeles, guías y maestros sobre nuestra forma de crear y/o enfrentar el miedo?

Me centré de nuevo obviando el ruido exterior. Cuesta, pero se puede. Solo hay que centrarse en lo que estamos haciendo… Vamos por ello.

En unos minutos percibo la arrolladora presencia de Miguel Arcángel, y a modo de escudero, el pequeño Axel, que aún sigue por esos cielos. El pequeño le mira, desde atrás, prudente y expectante, respetuoso alumno que admira al maestro. Entonces, Miguel Arcángel, gigantesco, se adelante un poco hacia a mí, me envuelve en luz de color azul y me dice, como tantas veces:

No temas. Respiro lentamente, me centro en lo que quiera decirnos, y le pido mentalmente que me hable despacio, que tengo que transcribirlo para ayudar a otras personas.

Sonríe y comienza:

El miedo es un estado irreal de la mente. En verdad, el miedo no existe. Solo existe la falta de confianza del hombre de que todo está en el lugar correcto en el momento correcto, y que todo tiene un objetivo elevadísimo que la mente humana no comprende. El miedo os aleja de la verdad, y todo el mundo sabe esto, así que lo utiliza para tu propio interés. Hacer que alguien tema algo es tenerlo controlado, limitar su propia capacidad de pensamiento y su voluntad, paralizar sus músculos y enterrar su fe.

Peo si queréis vencer en esta batalla, ni siquiera hay que luchar contra el enemigo. No hay que enfundarse en un traje metálico ni atesorar armas en casa, basta tener fe. La fe es la fuerza que funde el metal de los fusiles pues no existe el temor a nada para quien confía en que todo se produce el modo más perfecto. Entonces ya no sois manipulables, ya no sois presos, aunque lo seáis, pues la mente no puede ser apresada ni encerrada. El cuerpo sí, pero no la mente, de modo que nadie puede detener tus ideas, como nadie puede parar su amor. Solo tu propio temor te separa de la verdad y te aleja de los demás y de ti mismo, y en el fondo de ti mismo, está Dios, la Verdad absoluta. Cuando tomas la fuerza de la Verdad de las cosas, todo lo que ocurre en la Tierra obedece al tránsito entre el plan ideal del Creador y la forma de ejecutarlo de sus hijos en la Tierra. Solo es una cuestión de tiempo que el juego termine y se imponga su amor en todos los confines de la Tierra. Nosotros sabemos que será así, por eso gozamos de la espera, del tiempo no-tiempo, de la dulzura del instante presente, sin el cual no hay nada más, pues cada instante es sagrado porque conduce al siguiente. Y esa concatenación de momentos os llevará al lugar donde no existen los segundos ni los siglos, donde todo se funde en amor, sin palabras, sin realidades, sin formas.

Creed, por tanto, que cada temor os acerca al diablo y cada acto de coraje os acerca a Dios. Y cada paso solo debe enfocarse en una cosa, poner más amor aquí para que cuando todo sea amor jamás vuelva a ver dolor. La historia humana olvidará las guerras y las hambrunas y solo quedará en el universo una baja energía de lucha entre la luz y la oscuridad. Cuando tú eres luz la oscuridad da un paso atrás. No es en sí una batalla, es una pequeña actuación a sabiendas de que la luz de tu pecho aparta las sombras y de que la vibración del mundo está, en parte, en tus manos. Eres responsable de tu parte, de mirar con neutralidad cada gesto, a cada persona, y no juzgar. Eres responsable de cantar hermosas canciones y no repetir los chismes y murmuraciones. Tú eres responsable de la vibración de todo lo que te rodea.

Tal vez no puedas resolver todos los conflictos que está activos en este momento, pero sí puedes dar a otros las armas con las que contravenir el mal. Esas armas son los gestos de amor y los pensamientos de pureza de los que es capaz cada alma. La de todos.

Y nosotros os sostenemos, mantenemos el contacto con el corazón puro, con el faro interno de cada uno, con el átomo de Dios que habita a cada uno de vosotros. Os empujamos sutilmente, sin forzar nada, para que podáis creer que todo es posible, que el amor triunfará y que es solo una cuestión de tiempo.

No os derrumbéis, mis pequeños, no flojeéis, sin vosotros los ejércitos de la luz se verán mermados y la sombra habrá ganado antes de luchar. El miedo es su mejor arma: mental, tranquila, silenciosa, fácil y falsa. No os dejéis vencer. Ganaremos, pues el bien siempre triunfa. Solo tenéis que llevar vuestra concentración a todo el amor y la belleza que subyace en todo lo que os rodea y en lo que ya sois. Solo tenéis que elegir pensar en avance y no en retroceso, en vida y no en muerte, en salud y no en enfermedad, o entonces el mal habrá vencido.

Contáis con miles de ángeles del Padre cuya misión es sostener la energía del amor en la Tierra como quien sostiene el mundo delicadamente en las manos. Mantened la fe y sostendréis el mundo.

Sois asistidos y amados por días sin fin.

Arcángel Miguel, el guerrero.

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