CUANDO ALGUIEN MUERE (canalización)

Cuando os preocupáis por vuestros fallecidos no entendéis lo que es la muerte. Hay varias entidades de luz que recogen las almas cuando dejan el cuerpo. Nadie está solo en el momento de la muerte.
 
¡Si vierais con qué alegría nos dan su mano! Bien es cierto que algunas almas no quieren subir aun al padre y se resisten y se agarran al cuerpo porque ven llorar a sus familiares o porque han dejado muchas cosas por hacer y muchos errores por limpiar o cosas que perdonar. Pero eso es un tema, relacionado con su propio auto perdón, porque para nosotros no hay errores, así que, aunque algunas almas no quieren ascender y se les permite que accedan al padre cuando ellas lo decidan (serían las almas que se quedan por aquí vagando, todas esas que se adhieren a los vivos o a las casas) lo ideal sería que una vez abandona el cuerpo todas esas almas regresaran al Padre en paz porque están deseando verlo de nuevo, y Él los acoge, como cuando un pastor encuentra a su oveja perdida.Exactamente igual y con el mismo amor el Padre recoge a sus hijos cuando abandonan el cuerpo.
 
Bien es cierto que existe una pena, una lástima por la experiencia acabada en la Tierra, aunque es cierto que es una experiencia temporal que así se pactó desde el principio. Lo que es temporal es la vida física, no la vida del alma que es eterna. Lo que ha muerto es solo el cuerpo, no la persona,  por eso es posible la comunicación entre vivos y muertos, es posible la comunicación entre almas, y por eso volveréis a veros en otro momento y en otro lugar.
 
No estéis tristes por vuestros difuntos, ellos están al lado del Padre haciendo su trabajo personal, y al final del día cuando cae la luz del sol es cuando ellos hablan de nuevo con Dios y empiezan a entender cuál será su nuevo proyecto y cómo deben seguir ascendiendo ya sin ataduras terrenales. Qué cuerpo se les va a dar, dónde y cuándo van a encarnar de nuevo y si podrán tener de nuevo su amor. Y seguramente así será, y la mayoría de ellos tienen nuevas oportunidades de amor para subsanar los errores cometidos, por eso entre dos amores hay veinticinco, veintisiete o treinta vidas.
 
Cuando nosotros los recogemos, aparte de esas almas que son más tercas y prefieren quedarse por aquí un tiempo más (y es su derecho, a nadie se le obliga), nosotros los tomamos de la mano y los acompañamos por un camino (es como un canal, como un túnel de luz) en el que son sanados de su deterioro físico, mental y emocional, donde empiezan a estar en igualdad a los Seres de Luz, y empiezan a entrar en frecuencias iguales a las de ángeles y arcángeles, en frecuencias energéticas en las que el cuerpo ya no tiene daño físico, en las que las emociones ya no entienden de emociones como el miedo, el drama, la venganza, y en las que también la parte espiritual (divina) empieza a fundirse con nosotros.
 
Cuando llega el momento en el que comprende que no ha de volver cambia su ropa por un ropaje blanco, un cuerpo de luz, y así es como ellos y nosotros estamos juntos un tiempo hasta su próxima encarnación. A veces Dios casi no puede distinguirnos, a veces solo puede diferenciarnos por el traje (el cuerpo físico, y también el traje de la persona porque cuando un difunto va ascendiendo lleva su ropa, la que vestía o la que le pusieron cuando lo amortajan). Allí repasan sus vidas, y os ven desde aquí, y solo desean que seáis felices.
 
Pensad por un momento: si vosotros estuvierais muertos ahora y esto fuera un reunión de personas muertas, ¿qué querríais para los vivos? Mira desde aquí a tus vivos, ahí fuera, en sus casas, en sus trabajos, en su oficina… ¿Querríais que lloraran y estuvieran tristes, y que vistiesen de negro, y que no volvieran a conocer el amor?
 
Así vivimos aquí. Cuando una de las almas de los niños de Dios (los humanos son tiernamente llamados «niños») regresa a casa nosotros hacemos una fiesta porque el alma ha acabado su periplo temporal. Ya sea por una muerte abrupta, o violenta, o por decisión propia del alma que no puede  manejarse en la Tierra, en cualquiera de las muertes nosotros estamos con ellos y ellos con nosotros, y son felices y hermosos.
 
Y no hay dolor tras la muerte. Ojalá pudierais entender que no debería haber dolor tampoco en los vivos porque es solo una cuestión de segundos (si hablamos del tiempo universal) a lo sumo minutos que volváis a encontraros, y volveréis a encontraros. Y saldrán a recibiros.
 
Y así es.
El ángel de la muerte
Canalizado por Amada Selina.
Sevilla, septiembre de 2019